Mudarse te permite usar ese cliché de iniciar desde cero y cambiar todo lo que te haya desagradado antes, de ti o de tu entorno. Claro. Eso es fácil de decir y pensar. Pero la cruda realidad es que cuando cambias de residencia, tu personalidad no cambia mágicamente.
Lo único que sabía era que el hecho de cambiar de residencia me permitía alejarme más de la gente. Un inicio nuevo, siempre es difícil. Pero para mí estaba bien si permanecía sola. Era lo que necesitaba, después de todo.
Bah, banalidades. De cualquier manera, yo no tenía derecho de juzgar. Pasaba de una cama a otra en brazos de mil personas diferentes, pero nada llenaba mi corazón. Buscaba esconderme en las sombras, porque mi corazón anhelaba estar entre ellas, pero al final se seguía sintiendo igual de vacío que una cama y cuatro paredes.
Y de repente, mi frágil mundo de cristal se derrumbó. Me sacaron de aquel frío cuarto sin hacer, sin tocar y sin ser mío desde hacia mucho tiempo atrás para llevarme a una nueva cárcel de paredes blancas y camas de madera. Me arrebataron todas esas estúpidas cosas materiales que me llenaban por instantes para darme otras nuevas que no tenían el mismo efecto. Me quitaron el placer de la carne por el silencio de la soledad.
No dije nada, simplemente me detuve. Hice un alto en aquel desenfreno en que mi vida se había convertido. Fue tan repentino que caí de frente y me dolió el golpe. Había estado escapando de mi realidad, entre luces y destellos, entre la oscuridad y el ruido, extinguiendo el silencio para mitigar las voces dentro de mí en intensos gritos de placer vacío. Me había consumido, sin dejar cenizas o rastro alguno, había sido una combustión completa, sin manera de volver. Y ya no había más oxígeno, ya no existía más de mí para quemar.
Así estaba, no quería volver a empezar, no habían cenizas de las cuáles resurgir. Y las páginas de mi vida se habían arrancado y volado, y las que quedaban tenían manchas de tinta enormes y horribles. Ya no había marcha atrás pero tampoco sabía cómo seguir.
Esa sensación de eternidad e inmortalidad se había convertido en una sensación de lo mortal y efímero.
Y así se me fueron las tardes mientras me acostumbraba al ritmo del pueblo al que había llegado. No había mucho qué hacer, y sumirse en pensamientos era lo más sano después de haber caído de mi mundo de fantasía de manera tan estrepitosa. Había mucho silencio y mucha calma, era un vacío tan asolador que no lo soportaba. Recordé que era por eso que había huido a un mundo de ruido y caos, para silenciar a mi alma y el enorme agujero que se había creado en medio.
-Hola- le escuché decir. Era tan extraño volver a escuchar una voz refiriéndose a mí. Alcé la cabeza para comprobar si era cierto.
Era un joven alto, de cabello negro y un poco largo, tenía unas pequeñas ondas que no se alcanzaban a formar por no ser lo suficientemente largo. De piel color canela claro, con cara y nariz fina y recta. De ojos grises, profundos y misteriosos. Era guapo. Pero tenía un aire de inmadurez y una sonrisa burlona que me hicieron desconfiar.
Sólo moví la cabeza en señal de asentimiento. Aún tenía los ojos abiertos por la sorpresa de escuchar a alguien hablando conmigo.
-Te he visto aquí desde hace una semana. ¿Eres nueva, no?
Vaya pregunta- me dije en la mente. Esa no era manera de romper el hielo. Sentía demasiadas miradas sobre mí, aunque nadie nos prestaba atención.
Asentí con la cabeza.
-Eres tímida, ¿no?
-No- susurré.
-¿Entonces, qué pasa?
-Hace mucho que no mantenía una conversación con alguien. Es extraño.
-Supongo que exageras. Esta mañana debiste de haber hablado con tus padres.
Negué con la cabeza.
-Vaya, ¿no los viste antes de llegar al instituto?
-No vivo con ellos.
Él cambió su expresión, no sabía si por la frialdad con la que lo había dicho o por el mero hecho de saber que vivía sola.
-Bueno, nadie aquí debería saberlo o profanarán tu hogar tan pronto tengan la oportunidad - dijo él con una sonrisa.
-No saben dónde vivo- dije con una pequeña risa.
-O créeme, ellos lo averiguarán.
-¿Cómo? - pregunté con la misma maldad con la que él lo había dicho.
-Verás, yo les diré.
-¿Y cómo conseguirás saberlo tú?
-Esta mañana te vi saliendo de tu casa, somos vecinos.
Me quedé perpleja ante el hecho de que lo dijera con tanta naturalidad y que en su sonrisa veía que era cierto.
-Ahora entiendo porque no he visto más que tu carro estacionado. Casi nunca lo usas, ¿cierto?
Negué con la cabeza.
-Es más sano y las distancias son demasiado pequeñas aquí.
Ambos hicimos una pausa, el tema ya no daba para más. Pero me agradaba su compañía, después de haber pasado tanto tiempo en la oscuridad era lindo tener a alguien alrededor que pudiera alejar la soledad, aunque fuera sólo de manera superficial.
-¿Por qué no viven contigo? - dijo después de un rato y se sentó a mi lado.
-Sentían que ya era hora de dejarme ir y querían que me alejara de mi antiguo hogar. Fue lo mejor que pudieron encontrar y hacer para que me reformara. Creo que, de no ser por sus ajetreadas vidas vivirían a mi lado.
-¿Te duele?
-No.
-Cualquier chica habría dicho que si y roto en llanto sobre mi hombro.
-Eso no va a funcionar conmigo, ya he pasado por demasiado y estoy bien ahora. Perdida pero bien.
-¿Perdida? - lo escuché preguntar incrédulo a la vez que sentía una mirada clavada en mí.
Levanté el rostro a la vez que él lo hizo. Una chica de cabello ondulado, largo y negro nos miraba con sus enormes ojos achocolatados y su piel color canela claro. No tenía una expresión de agrado, eran celos, meros celos.
-No deberíamos estar hablando - le dije.
-¿Por qué?
-Parece que esa chica te reclama. Y yo tengo suficientes problemas conmigo misma como para meterme en problemas con la gente de alrededor. Le correspondas o no, no me arriesgaré. Estoy bien sola, y te agradezco la amabilidad; pero, por regla general, he aprendido que el rodearse de gente trae consigo más problemas que soluciones. Hasta luego -Ni siquiera me tomé la libertad de voltear a ver su rostro. Me alejé y seguí la rutina del día.
Por la noche, tomé el carro y huí del pueblo. Llevaba un buen fajo de dinero y me acerqué a la mancha urbana más cercana a mí. Entré a un hotel y pedí un cuarto. No pasé mucho rato ahí dentro, sólo lo suficiente para darme una ducha y salir semi vestida de la regadera.
Como era de esperarse no pasó mucho rato a que un joven me encontró y me subió a su carro. Me invitó a tomar una copa y lo rechacé invitándolo a mi cuarto de hotel, diciéndole que podríamos tomar cualquier cosa ahí.
Él decidió pasar por una botella de whiskey y algunas drogas de camino al hotel. Ya volvía yo a las andadas. Después de habernos acabado todo, y disfrutado de los cigarrillos que tenía en el bolsillo él me besó.
En ese momento estaba entre sus piernas, en ropa interior, con él en bóxers detrás. No fue difícil desnudarnos por completo y recorrer nuestros cuerpos una y otra vez. Después de todo, en ese momento podíamos hasta ver los sonidos.
Sentí su miembro dentro de mí después de lo que me parecieron horas, primero se movía con delicadeza, con miedo. Tal vez pensaba que al verme tan joven yo era una chica pura y que se debía tocar con pinzas, pero al notar la falta de sangre tomó mi cadera y me empalmó contra la pared con toda su fuerza. Me había hecho falta este tipo de diversión. Esta sensación de que todo lo que me unía a otra persona se podía borrar al finalizar el acto y limpiarme las partes salpicadas de semén, el hecho de que no tendría que volver a verlo. Ambos queríamos placer y una compañía vacía, sin compromisos ni promesas ni sentimientos. Mero placer y diversión.
De cierta manera, sentía que me estaba traicionando a mí misma y a las promesas que me había hecho al mudarme. A todo eso y a mis padres. Lo cual sólo me hacía sentir más desesperada y sola. Y la única manera que tenía para sacar todas esas emociones tan intensas y desesperantes era el sexo. El placer. Siempre lo había hecho así, no conocía otro camino. Quería cambiarlo todo, pero estaba desesperada. Desesperada por hacerlo a mi modo, por demostrar que podía sola.
Pero no debía llorar ahora. Me bastaba con exigir embestidas más fuertes cada vez para que el dolor se viera mitigado, para que las angustias desaparecieran. Aunque cada vez daba menos resultado.
Al terminar dejé el cuarto pagado en la recepción. Una carta en el mueble de al lado de la cama con un "Gracias por la noche, la bebida y las drogas". Nada de despedidas ni de sentimentalismo, sólo una portada con un "No me vuelvas a buscar". Y me largué. Tomé mi ropa y huí. Dejé al chico dormido, sin siquiera haber preguntado su nombre, su edad o algo. Sin ser capaz siquiera de recordar su rostro a la mañana siguiente. Llegué a mi casa demasiado temprano. El sol apenas se vislumbraba a lo lejos intentanto salir. Yo me fui directo a la cama, antes de que el malestar atacara, antes de que las drogas se fueran de mi cuerpo, antes de que recordara que había vuelto a envolverme con un extraño en la noche. Todo eso desaparecía por las noches.
-No vivo con ellos.
Él cambió su expresión, no sabía si por la frialdad con la que lo había dicho o por el mero hecho de saber que vivía sola.
-Bueno, nadie aquí debería saberlo o profanarán tu hogar tan pronto tengan la oportunidad - dijo él con una sonrisa.
-No saben dónde vivo- dije con una pequeña risa.
-O créeme, ellos lo averiguarán.
-¿Cómo? - pregunté con la misma maldad con la que él lo había dicho.
-Verás, yo les diré.
-¿Y cómo conseguirás saberlo tú?
-Esta mañana te vi saliendo de tu casa, somos vecinos.
Me quedé perpleja ante el hecho de que lo dijera con tanta naturalidad y que en su sonrisa veía que era cierto.
-Ahora entiendo porque no he visto más que tu carro estacionado. Casi nunca lo usas, ¿cierto?
Negué con la cabeza.
-Es más sano y las distancias son demasiado pequeñas aquí.
Ambos hicimos una pausa, el tema ya no daba para más. Pero me agradaba su compañía, después de haber pasado tanto tiempo en la oscuridad era lindo tener a alguien alrededor que pudiera alejar la soledad, aunque fuera sólo de manera superficial.
-¿Por qué no viven contigo? - dijo después de un rato y se sentó a mi lado.
-Sentían que ya era hora de dejarme ir y querían que me alejara de mi antiguo hogar. Fue lo mejor que pudieron encontrar y hacer para que me reformara. Creo que, de no ser por sus ajetreadas vidas vivirían a mi lado.
-¿Te duele?
-No.
-Cualquier chica habría dicho que si y roto en llanto sobre mi hombro.
-Eso no va a funcionar conmigo, ya he pasado por demasiado y estoy bien ahora. Perdida pero bien.
-¿Perdida? - lo escuché preguntar incrédulo a la vez que sentía una mirada clavada en mí.
Levanté el rostro a la vez que él lo hizo. Una chica de cabello ondulado, largo y negro nos miraba con sus enormes ojos achocolatados y su piel color canela claro. No tenía una expresión de agrado, eran celos, meros celos.
-No deberíamos estar hablando - le dije.
-¿Por qué?
-Parece que esa chica te reclama. Y yo tengo suficientes problemas conmigo misma como para meterme en problemas con la gente de alrededor. Le correspondas o no, no me arriesgaré. Estoy bien sola, y te agradezco la amabilidad; pero, por regla general, he aprendido que el rodearse de gente trae consigo más problemas que soluciones. Hasta luego -Ni siquiera me tomé la libertad de voltear a ver su rostro. Me alejé y seguí la rutina del día.
Por la noche, tomé el carro y huí del pueblo. Llevaba un buen fajo de dinero y me acerqué a la mancha urbana más cercana a mí. Entré a un hotel y pedí un cuarto. No pasé mucho rato ahí dentro, sólo lo suficiente para darme una ducha y salir semi vestida de la regadera.
Como era de esperarse no pasó mucho rato a que un joven me encontró y me subió a su carro. Me invitó a tomar una copa y lo rechacé invitándolo a mi cuarto de hotel, diciéndole que podríamos tomar cualquier cosa ahí.
Él decidió pasar por una botella de whiskey y algunas drogas de camino al hotel. Ya volvía yo a las andadas. Después de habernos acabado todo, y disfrutado de los cigarrillos que tenía en el bolsillo él me besó.
En ese momento estaba entre sus piernas, en ropa interior, con él en bóxers detrás. No fue difícil desnudarnos por completo y recorrer nuestros cuerpos una y otra vez. Después de todo, en ese momento podíamos hasta ver los sonidos.
Sentí su miembro dentro de mí después de lo que me parecieron horas, primero se movía con delicadeza, con miedo. Tal vez pensaba que al verme tan joven yo era una chica pura y que se debía tocar con pinzas, pero al notar la falta de sangre tomó mi cadera y me empalmó contra la pared con toda su fuerza. Me había hecho falta este tipo de diversión. Esta sensación de que todo lo que me unía a otra persona se podía borrar al finalizar el acto y limpiarme las partes salpicadas de semén, el hecho de que no tendría que volver a verlo. Ambos queríamos placer y una compañía vacía, sin compromisos ni promesas ni sentimientos. Mero placer y diversión.
De cierta manera, sentía que me estaba traicionando a mí misma y a las promesas que me había hecho al mudarme. A todo eso y a mis padres. Lo cual sólo me hacía sentir más desesperada y sola. Y la única manera que tenía para sacar todas esas emociones tan intensas y desesperantes era el sexo. El placer. Siempre lo había hecho así, no conocía otro camino. Quería cambiarlo todo, pero estaba desesperada. Desesperada por hacerlo a mi modo, por demostrar que podía sola.
Pero no debía llorar ahora. Me bastaba con exigir embestidas más fuertes cada vez para que el dolor se viera mitigado, para que las angustias desaparecieran. Aunque cada vez daba menos resultado.
Al terminar dejé el cuarto pagado en la recepción. Una carta en el mueble de al lado de la cama con un "Gracias por la noche, la bebida y las drogas". Nada de despedidas ni de sentimentalismo, sólo una portada con un "No me vuelvas a buscar". Y me largué. Tomé mi ropa y huí. Dejé al chico dormido, sin siquiera haber preguntado su nombre, su edad o algo. Sin ser capaz siquiera de recordar su rostro a la mañana siguiente. Llegué a mi casa demasiado temprano. El sol apenas se vislumbraba a lo lejos intentanto salir. Yo me fui directo a la cama, antes de que el malestar atacara, antes de que las drogas se fueran de mi cuerpo, antes de que recordara que había vuelto a envolverme con un extraño en la noche. Todo eso desaparecía por las noches.

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